COMITÉ GREMIAL Y DE POLÍTICA

  • Juan Carlos Rojas F.
  • Coordinador

 Referirnos a lo gremial implica una reflexión en nuestro quehacer y su relación con el sistema. Implica una reflexión del sentido de la psiquiatría como ciencia, e implica una reflexión sobre nuestros pacientes como el objeto fundamental de nuestro saber.

Existe en la actualidad un malestar generado por las exigencias de producción, que obedecen a un pensar en la salud, con sentido económico, exigencias codiciosas de un sistema capitalista salvaje, que se traduce en cifras estadísticas de evaluación del servicios, llevando la contabilidad por números de pacientes vistos por semana, por hora, por minutos. Se realiza un trabajo sin los instrumentos apropiados, con medicamentos obsoletos, con salarios paupérrimos, dando respuesta a gerentes au- toritarios, sin conocimiento en la materia, muchos de ellos representantes de cuotas políticas, de los propietarios de las EPS.

Es un malestar que genera el no poder ejercer una psiquiatría cercana a lo que alguna vez soñamos, en donde la defensa por los derechos y bienestar de los pacien- tes era prioridad. ¿Cómo no sentir malestar al no poder trabajar por un trato justo, eficiente y de calidad con nuestros pacientes, sentido existencial de nuestro quehacer profesional, al cual nos debemos?

En la actualidad, no decidimos nada sobre las instituciones donde trabajamos, porque no hay vías claras de participación. Se huye de la memoria histórica, de la conciencia social, del compromiso.

A esto se le puede añadir una constatación y una pregunta fundamental. La actividad psiquiátrica no ha tenido cuestionamientos relevantes desde los tiempos en que los que se agitó el movimiento anti- psiquiátrico. ¿Cuál es la razón de ser de un psiquiatra?

No olvidemos nuestra razón de ser: El buen terapeuta además de saber escuchar, debe ser un buen mediador, es decir alguien que es capaz de insertar a los sujetos en redes sociales para romper su aislamiento.

Se trata de reafirmar grupos naturales, recrear vínculos estables, cultivar la memoria y la pertenencia a los colectivos con sentido del deber, supone cuidar a los otros, requiere reconocernos dependientes, y perder la creencia de la autonomía emocional y liberarnos del egoísmo.

La libertad del hombre no puede definirse solo en términos de sacudirnos de la explotación económica y la represión política. Cualquier revolución que se quiera, debe tener en cuenta las verdaderas necesidades del hombre, tiene que considerar la opresión psicológica, debe romper la dicotomía entre lo individual y lo político; debe llevar la subversión a la esfera privada, a la familia, a la ciudad.

La libertad se debe procurar por una clínica presente en los servicios públicos capaces de dar respuesta a cada padecer psíquico de la población, sean cuales sean sus causas.

Es necesario mantenernos en un estudio crítico de lo científico, atentos a los problemas epistemológicos internos del discurso científico de la psiquiatría. Siempre privilegiando lo biológico, en la correspondencia con la lesión del órgano, de su dis- función fisiopatológica y de la causalidad etiopatogénica de la enfermedad mental, en espera que la tecnología resuelva las ambivalencias.

Ser críticos es la vía para definir las enfermedades psiquiátricas. Una conse- cuencia de no serlo es que, en vez de limitar el objeto de atención del paciente, se

hayan multiplicado las categorías diagnósticas, llegándose en los últimos años a auténticas “epidemias” de depresión, fobia social, déficit de atención, trastornos por estrés postraumáticos.

El deseo de agremiarnos debe propender a la búsqueda de una buena manera de ser, en procura de una reflexión racional, que permita el cuestionamiento de nuestras conductas y tendencias a caer sólo en nuestros intereses personales por encima de los intereses colectivos, es fundamentarnos en una ética que tiene que ver con la capa- cidad de colocarnos en el lugar del otro, ética de la diferencia, ética del cuidado de sí.

No podemos olvidar las historias de los 33 mineros chilenos, símbolos de unidad, cohesión y solidaridad, con unos rescatistas dignos representantes de la planeación, con unos ingenieros dueños de la creatividad, la apertura en la convocatoria para acep- tar todas las ideas que llevasen a cumplir el objetivo final, seres humildes enterrados en la madre tierra, nos han enseñado que “El Señor de las moscas” no siempre está presente en el alma del ser, que hay esperanzas para ser mejores. Si yo me preocupo por el otro, me cuido a mí mismo al mismo tiempo. Cada uno aportó lo mejor de sí mismo, surgieron los líderes en la organización, los líderes espirituales, los directores de fútbol, los expertos en música, el ingenio y el humor que nunca les faltó, y la tierra entonces los volvió a escupir en parto natural, como nuevos seres del renacimiento, dándonos esperanzas de poder ser distintos. La verdad, el trabajo de equipo de los mineros de Chile se de varios siglos atrás. Sindicalistas desde siempre desde antes de aparecer esta palabra, sus primeras huelgas son de un valor histórico, hay muertes como mártires por demandar un trato más humano frente al patrón desalmado y lleno de ambiciones y ellos con sus sueños sencillos, arañando la tierra y sacándoles sus frutos para criar a sus hijos. La mina está en su interioridad y ese es un ejemplo: cuando estemos más cercanos a la esencia de ellos, seguro que nuestros conflictos gremiales los podremos resolver con más equidad.